“Pepe, un purito”, “un poco de Magno es mucho”, “si no hay casera me marcho”. Si has reconocido estos anuncios publicitarios, está claro que tienes ya cierta edad, tienes buen gusto, pero sobre todo tienes una admirable y reconocida afición por la radio. Enhorabuena porque has llegado a un sitio donde nos apasiona.
Y no me importa decir que en un mundo cada vez más visual y digital, donde lo que manda son las redes sociales y los teléfonos móviles, la radio sigue manteniendo su lugar como uno de los medios más influyentes, especialmente cuando se trata de publicidad. Lo tengo claro.
A pesar del auge de las redes sociales y las plataformas de streaming, la radio continúa llegando a millones de oyentes cada día. Sin duda es la herramienta más poderosa para estar informados. Y curiosamente no tengo que irme muy lejos. Solo al pasado mes cuando en España sufrió un apagón, del que el Gobierno sigue sin explicar lo que paso, y ese día, todo el mundo acudió a la radio analógica para estar informado. Con esto está todo dicho.
Y es que la publicidad en la radio tiene un encanto particular. Yo creo que es por su capacidad para estimular la imaginación. A diferencia de lo que pasa en televisión o los anuncios online, donde todo se muestra visualmente, en la radio el mensaje se transmite únicamente a través del sonido. Esto nos hace tener que prestar atención y tener que hacernos una imagen de lo que está pasando. Y eso al final, es pura magia.
Una de las mayores fortalezas de la publicidad radial es su sencillez. Con una buena locución, una frase pegadiza y una melodía adecuada, se puede lograr una campaña memorable. No hace falta una gran producción ni un presupuesto millonario: solo creatividad, voz y sonido.
Esto lo tienen claro desde la agencia de publicidad Publigar, que no dudan en apostar por este medio. “Los formatos de la publicidad en radio, son muy variados y se pueden adaptar al perfil de cada cliente. Así, desde la cuña convencional, al patrocinio de un programa o concierto, a una entrevista comercial, conexión en directo con una empresa, etc. Hay una gran diversidad de adaptaciones publicitarias”, explican.
Dicho esto, “la radio como plataforma de comunicación, entretenimiento, y publicitaria, tiene un buen futuro por delante”, aseguran desde Publigar.
Ejemplos
Creo que los casos más claros de publicidad en radio tienen un nombre, Pepe Domingo Castaño. El genio gallego, desgracidamente fallecido, creó una forma de hacer publicidad en la radio. Todos conocemos sus famosos anuncios de “Pepe, un purito”, de Coronitas o de las pipas Facundo.Yo creo que todos que hemos escuchado la radio con él, ya sea en la Cadena Ser o en la Cope tenemos alguna frase favorita y que la hemos usado siempre. Sin duda, se le echa de menos.
Un gran ejemplo en España es el pegadizo “¡Hola, soy Edu, feliz Navidad!”, de Airtel (ahora Vodafone). Aunque este anuncio se originó en televisión, su adaptación a la radio mantuvo su impacto. La frase llegó a ser parte del lenguaje cotidiano durante años. Y todavía, los más clásicos, cuando llega el tiempo de Navidad te felicitan de esta forma.
Otro caso emblemático es el de “Ponte guapa, ponte El Corte Inglés”. Esta campaña se convirtió en un jingle fácilmente reconocible por generaciones. En su versión de radio, la frase repetida con una entonación cálida y confiada hacía que las oyentes lo sentían muy cercano.
Hoy en día, con el auge de los podcasts y la radio en streaming, el formato sonoro ha resurgido con fuerza. Muchas empresas están redescubriendo el poder de la palabra hablada. Por lo tanto, la frase que nos decía Publigar cobra más fuerza que nunca, tenemos radio para rato.
La radio se puede escuchar desde multitud de canales (aparato de radio, PC, Tablet, Smartphone), lo que ofrece un valor añadido como medio de comunicación, que ha sabido adaptarse al profundo cambio de hábitos, en el consumo de información, ocio y publicidad.
En definitiva y como hemos podido comprobar, la publicidad en la radio no solo vende productos o servicios: crea imágenes, despierta emociones y deja huella. En un mundo saturado de estímulos visuales, la palabra hablada sigue demostrando su poder, uno que se transmite de oído a memoria y, muchas veces, de generación en generación. Así que solo nos queda despedirnos con un “viva la radio”.