Vigilante de seguridad es una profesión con una alta demanda laboral. A pesar de que hay más de 146.000 profesionales de la seguridad privada en activo en nuestro país, el sector no alcanza a cubrir las necesidades del mercado.
El periódico Escudo Digital señala que, para cubrir las necesidades de seguridad, sería preciso formar e incorporar entre 5.000 y 10.000 nuevos profesionales al sector con carácter urgente.
La seguridad privada ofrece actualmente un elevado número de puestos de trabajo libres en España. Las empresas del sector mantienen abiertos procesos de selección de forma continuada para incorporar vigilantes de seguridad en centros comerciales, hospitales, aeropuertos, infraestructuras, edificios públicos, eventos y empresas privadas. Se trata de una profesión con una demanda sostenida en prácticamente todas las comunidades autónomas.
Esta necesidad de incorporar nuevos profesionales ha provocado que muchas compañías refuercen sus campañas de contratación y ofrezcan condiciones más atractivas para captar candidatos. Entre ellas se encuentran contratos indefinidos, planes de formación, posibilidades de promoción interna y especialización en diferentes áreas de la seguridad privada.
Algunas empresas también facilitan el acceso a la profesión mediante cursos de preparación para obtener la Tarjeta de Identificación Profesional (TIP), el requisito indispensable para ejercer como vigilante de seguridad en España. En determinadas convocatorias, la formación puede estar vinculada a un proceso de selección para incorporarse posteriormente a la plantilla.
Prosegur es una de las compañías que ha impulsado programas de formación para nuevos vigilantes, mientras que otras empresas como Trablisa mantienen ofertas de empleo durante todo el año en distintos puntos del país.
Para quienes buscan una salida laboral estable, el sector de la seguridad privada presenta una amplia variedad de opciones, tanto para personas que ya cuentan con la TIP como para quienes desean obtener esta titulación y comenzar su carrera profesional en este sector.
¿Por qué hay escasez de vigilantes de seguridad?
La Federación Española de Seguridad intenta dar respuesta a esta pregunta en su web informativa. Según ellos, el envejecimiento de la plantilla actual, donde no se aprecia un relevo generacional, la mala imagen que tiene esta profesión en la sociedad y un aumento de la demanda del servicio se encuentran entre algunas de las razones que motivan esta situación.
Uno de los principales problemas que explican la falta de vigilantes de seguridad en España es la dificultad para garantizar un relevo generacional suficiente. Una parte importante de los profesionales que actualmente trabajan en el sector se encuentra en edades próximas a la jubilación, mientras que la incorporación de trabajadores jóvenes no avanza al mismo ritmo. La profesión no siempre resulta atractiva para las nuevas generaciones, que pueden percibir como poco interesantes determinados horarios, turnos o condiciones de trabajo.
A esto se suma el desconocimiento que todavía existe sobre la realidad de esta actividad. La imagen del vigilante de seguridad continúa estando asociada, en ocasiones, a una visión limitada de sus funciones. Sin embargo, se trata de un trabajo que implica responsabilidad, capacidad de reacción, trabajo directo con el público y, dependiendo del servicio, conocimientos específicos para afrontar diferentes situaciones. Esta falta de reconocimiento social puede dificultar que nuevos trabajadores consideren el sector como una opción profesional atractiva.
Otro factor que influye son las condiciones laborales. Aunque la seguridad privada ha experimentado una evolución importante, no todas las empresas ofrecen las mismas posibilidades de estabilidad, conciliación familiar o desarrollo profesional. Cuando un trabajador encuentra mejores oportunidades en otros sectores, puede decidir abandonar la actividad. También puede producirse una elevada rotación, lo que obliga a las empresas a buscar continuamente nuevos profesionales.
Las consecuencias de esta situación van más allá de las dificultades para contratar. Una plantilla insuficiente puede complicar la cobertura de determinados servicios y aumentar la carga de trabajo de los profesionales disponibles. También puede limitar la capacidad de las empresas de seguridad para asumir nuevos contratos o ampliar su actividad.
A medio plazo, mantener esta situación puede generar dificultades para garantizar determinados servicios con los niveles de calidad exigibles. Las empresas necesitan disponer de suficientes profesionales para organizar turnos, cubrir sustituciones y responder a las necesidades de sus clientes. Por ello, atraer nuevas generaciones y conseguir que los trabajadores permanezcan en el sector se ha convertido en uno de los grandes retos de la seguridad privada en España.
El requisito de la formación.
Los profesores de Academia Marín, una academia de Valencia que imparte cursos para obtener certificados profesionales para trabajar en la seguridad privada, desde la preparación para el TIP (Tarjeta de Identificación Profesional), como otras certificaciones más específicas como la de vigilante de explosivos, nos recuerdan que a día de hoy para trabajar en la seguridad privada en nuestro país necesitas la formación y certificación oficial homologada. Sin estos títulos no puedes trabajar en la profesión.
Para trabajar como vigilante de seguridad en España es necesario obtener la Tarjeta de Identidad Profesional (TIP), que acredita que se tienen las habilidades necesarias para ejercer esta actividad. El acceso a esta profesión exige superar un proceso de formación y evaluación regulado por el Ministerio del Interior.
Una de las vías habituales para obtener el TIP consiste en participar en las convocatorias que organiza la Policía Nacional. El aspirante debe superar unas pruebas que incluyen una parte física y otra teórica. Las convocatorias se publican en el BOE o en los boletines oficiales de las comunidades autónomas. Si no se consigue superar el examen, es necesario esperar a una nueva convocatoria para volver a intentarlo.
La preparación previa resulta especialmente importante por la variedad de conocimientos que se exigen. La prueba teórica tiene formato tipo test y aborda diferentes materias relacionadas con el trabajo del vigilante. Entre ellas se encuentra el área jurídica, que incluye contenidos sobre la Constitución, derechos de las personas detenidas, procedimientos de actuación y normativa relacionada con la seguridad privada.
También se estudia el ámbito socioprofesional, relacionado con la conducta del vigilante, sus relaciones con compañeros y ciudadanos y los principios éticos que deben guiar su actuación. El área técnico-profesional aborda los procedimientos de vigilancia, los sistemas de seguridad y la utilización de los equipos empleados durante el servicio.
El área instrumental, otra parte del temario, comprende conocimientos prácticos relacionados con primeros auxilios, defensa personal, sistemas de alarma y otros recursos que pueden resultar necesarios durante el desempeño de la profesión. La amplitud del temario hace recomendable realizar una preparación específica antes de presentarse a las pruebas.
La evaluación física, por su parte, permite comprobar que el aspirante reúne unas condiciones físicas adecuadas para desarrollar determinadas funciones. Las pruebas valoran diferentes capacidades físicas como la resistencia, la fuerza y la velocidad.
Una vez superados los requisitos establecidos y completados los trámites correspondientes, el profesional puede obtener su TIP y comenzar a trabajar como vigilante de seguridad. Este examen no es una oposición. Es un requisito para obtener un título que es obligatorio para ejercer la profesión.
Sin embargo, esta habilitación no supone el final de la formación. Existen especialidades que permiten ampliar las posibilidades profesionales, como la habilitación de vigilante de explosivos y sustancias peligrosas, que exige una preparación particular y la superación de pruebas específicas. También existen otras especialidades y cursos de formación permanente que permiten adquirir conocimientos concretos y mejorar la preparación para determinados servicios, como el de escolta.
Los sectores que más están demandando vigilantes de seguridad.
Un artículo publicado en LinkedIn indica que trabajar en centros comerciales, plantas industriales, edificios de oficinas, hospitales y clínicas son algunos de los puestos que más están demandando los servicios de seguridad privada.
Los centros comerciales y establecimientos de retail son uno de los escenarios habituales. Además de controlar posibles hurtos, los vigilantes intervienen ante conflictos entre clientes, actos vandálicos, accesos no autorizados o situaciones que puedan alterar el funcionamiento normal del establecimiento. Su presencia también resulta especialmente útil durante campañas comerciales, grandes promociones y acontecimientos con una elevada afluencia de público.
En la industria, la vigilancia adquiere otras características. Las instalaciones pueden ocupar grandes superficies y contener maquinaria, materias primas o productos de elevado valor. El control de los accesos y de los perímetros, especialmente durante los turnos nocturnos, ayuda a prevenir intrusiones, robos y otros incidentes.
El sector logístico y del transporte también genera una importante demanda. Almacenes, centros de distribución y plataformas logísticas necesitan controlar la entrada y salida de personas y vehículos, supervisar las instalaciones y proteger las mercancías. En este ámbito, la vigilancia puede integrarse con sistemas tecnológicos de control y seguimiento.
Las oficinas y edificios corporativos requieren igualmente profesionales de seguridad. Su función no se limita a comprobar quién entra y sale. También pueden encargarse de supervisar las instalaciones, detectar comportamientos sospechosos y actuar ante emergencias, todo ello procurando interferir lo menos posible en la actividad cotidiana de la empresa.
Los hospitales y clínicas constituyen otro entorno especialmente sensible. La elevada concentración de pacientes, familiares y profesionales puede generar situaciones conflictivas. Los vigilantes contribuyen a controlar los accesos, mantener el orden y responder ante comportamientos agresivos o incidentes que puedan afectar al personal sanitario y a los usuarios.
En los últimos tiempos ha cogido fuerza el desempeño de esta actividad en festivales, eventos deportivos y espectáculos públicos. Y es que la organización es quien se responsabiliza de la seguridad en estos eventos. Por lo que necesita personal capacitado para atenderla.
En todos estos espacios, la vigilancia privada cumple una función principalmente preventiva. La presencia de profesionales preparados permite detectar situaciones de riesgo antes de que evolucionen, y actuar con rapidez cuando surge un problema. Por ello, la contratación de vigilantes no solo busca evitar robos o daños materiales: también pretende proteger a trabajadores, clientes y usuarios y garantizar que la actividad de cada instalación se desarrolle con normalidad.
Un trabajo exigente.
Pero no todo en la seguridad privada es maravilloso. El sindicato sectorial SIME denuncia en el periódico ElNacional.cat algunas carencias en el sector que es necesario corregir lo antes posible.
Uno de los principales problemas de la seguridad privada en España es que el sueldo de los vigilantes no siempre parece estar a la altura de la responsabilidad que asumen. Se trata de profesionales que pueden trabajar de noche, en fines de semana y festivos, afrontar situaciones conflictivas y responder ante posibles riesgos para personas y bienes. Sin embargo, las retribuciones resultan poco atractivas para una parte de los trabajadores. Sime plantea situar el salario mínimo mensual alrededor de los 1.700 euros como una referencia capaz de hacer más atractivo el sector.
El problema no se limita a la cantidad que aparece en la nómina. Los turnos rotativos, las jornadas poco compatibles con la vida personal y la presión que puede generar el trabajo hacen que algunos profesionales terminen buscando otras alternativas laborales. Cuando encuentran empleos con mejores condiciones laborales, la experiencia adquirida en seguridad privada puede acabar perdiéndose.
Esta situación también dificulta la estabilidad de las plantillas. Las empresas tienen problemas para cubrir determinados servicios y, en ocasiones, deben recurrir a reorganizaciones constantes para garantizar los turnos. La consecuencia puede ser una mayor carga de trabajo para los vigilantes disponibles y un incremento del desgaste profesional.
A todo ello se añade la necesidad de ofrecer posibilidades reales de promoción y desarrollo profesional. La posibilidad de crearse una carrera en este sector. Una mayor especialización, formación continua, promoción interna y mejores perspectivas laborales pueden contribuir a reducir la rotación.
La escasez de vigilantes no puede analizarse únicamente desde la falta de candidatos. También hay que observar qué condiciones encuentran quienes ya ejercen la profesión. Mejorar los salarios y la estabilidad, reconocer la responsabilidad del puesto de trabajo y ofrecer una trayectoria profesional más atractiva son elementos esenciales para conseguir un sector capaz de captar y conservar trabajadores cualificados.
Las principales empresas del sector se están esforzando por corregir todos estos problemas. Son conscientes de ello y tienen ante sí una situación que les demanda tomar cartas en el asunto, de manera urgente. Como hemos empezado diciendo, la demanda de seguridad privada es superior al servicio que hoy por hoy son capaces de ofrecer las empresas del sector. Lo que indica que las condiciones laborales tienden a mejorar para hacer la profesión más atractiva.