Cómo renovar el armario de tu hijo este verano sin volverte loca.

Comparti el articulo

En serio, no sé en qué momento exacto pasó, pero de repente me vi rodeada de camisetas con manchas que no salían, pantalones enormes que le quedaban a mi hijo como pescadores, y calcetines desparejados. Era oficial: el armario de mi hijo necesitaba una renovación urgente. Y, como cada verano, me tocaba enfrentarme al reto de actualizarle el vestuario sin perder la cabeza… ni la cuenta corriente.

Y es que, seamos sinceras: vestir a los peques en verano debería ser más fácil. Hace calor, todo es más ligero, y apenas necesitan tres cosas: algo que les tape, que no les agobie y algo que aguante lavadora tras lavadora. ¡Pero no lo es! Entre lo rápido que crecen, los cambios de gustos, las modas y las ganas de no comprar por comprar, renovar su armario se convierte en una mini aventura (con tintes de drama y comedia, según el día).

Entonces, ¿Cómo lo hice? Pues te contaré mi historia y lo verás:

Todo empieza con esa escena tan típica: abres el cajón de los pantalones cortos y ves que todos son de hace dos veranos. Luego abres el de las camisetas, y la mitad ya no le entran por la cabeza. Buscas los bañadores y te encuentras con uno con los elásticos dados de sí y otro que parece talla guardería. Y claro, empiezas a sudar, pero no por el calor, sino por la que se viene encima.

Así que lo primero que hice este año fue respirar hondo, sentarme con una bolsa muy grande, y hacer limpieza sin piedad. Saqué fuera todo lo que ya no le valía, estaba roto, lo que no se ponía porque «pica» o «le quedaba raro», y lo que ha pasado mejor vida gracias al parque.

Una vez hecho ese ejercicio de valentía, pasé al siguiente nivel.

Las herencias textiles, un clásico en nuestros hijos.

Tengo la suerte de tener amigas y primas con niños mayores, así que en cuanto se enteran de que estoy en «modo armario», empiezan a aparecer bolsas y más bolsas llenas de ropa que sus peques ya no usan. Y oye, muchas veces hay auténticas joyitas.

Eso sí, heredar no significa aceptar todo sin mirar: reviso bien prenda por prenda, veo si está en buen estado, si me gusta y si a mi hijo también (porque ya empieza a tener sus gustos, claro) y me quedo con lo mejor. Lo que está muy usado lo paso a la ropa de estar por casa o para pintar, y lo que me encanta, directamente al armario. De igual forma, lo que no escojo, se dona o se recicla.

¿Qué puedo decir? ¡Este sistema es genial para el bolsillo! Porque ya sabemos que una camiseta puede durar más de un verano, y más si solo la usó un niño y medio. Así que, ¡Benditas herencias!

Menos es más (de verdad).

Una cosa que he aprendido a base de equivocarme años anteriores es que no hace falta tener veinte camisetas y diez bañadores. Al final, los niños usan siempre lo mismo: lo cómodo.

Así que este año me propuse comprar con cabeza, pocas cosas, pero bien elegidas.

Hice una lista realista:

  • Seis camisetas.
  • Tres pantalones cortos.
  • Dos bañadores.
  • Un conjunto un poco más mono para ocasiones.
  • Algo por si refresca.

¡Y ya está! Créeme, funciona. Es menos caótico, más práctico y encima el armario se ve ordenado (al menos una vez al mes, cuando me da por doblarlo todo).

¿Qué tipo de ropa es mejor?

Esto ya lo sabes si tienes hijos: la ropa no solo tiene que gustarte a ti, tiene que convencerles a ellos. Si no, olvídate. En mi caso, he aprendido a anticiparme. Ya sé que no quiere botones, ni cremalleras complicadas, ni cosas que «rozan», así que busco tejidos suaves, elásticos, prendas que pueda ponerse solo (porque eso le da autonomía) y colores que le gusten.

Este verano me he centrado en básicos de algodón, conjuntos de camiseta y short que vienen ya combinados (y no tengo que pensar), y prendas con estampados divertidos, pero no chillones. Ah, y una cosa muy práctica: los pantalones con cintura ajustable. Si no, es un drama cuando se le caen o le aprietan.

Otra cosa que debes tener en cuenta: que sea todo lavable. Nada de tejidos delicados, ni cosas que no aguanten trote, porque el verano es sinónimo de manchas, sudor, helados derretidos y rodillas raspadas ¡Así que la ropa tiene que estar preparada para todo!

Comprar con cabeza.

Confieso que soy muy de picar. Entro a mirar “solo un momento” y salgo con dos camisetas de dinosaurios, un pantalón que aún no le vale y unas chanclas que ni siquiera necesita. Así que este año me puse una norma: no comprar nada sin revisar primero lo que ya tengo.

Así que hice una lista con lo que realmente le faltaba y me propuse no salirme de ahí. Luego ya, si encontraba alguna ganga, me lo pensaba. Pero primero lo necesario, porque al final, entre lo heredado, lo que le sigue valiendo y lo que compras con sentido, el armario queda redondo.

Y ahora viene la parte más difícil de controlar: las rebajas. Aquí hay dos tipos de personas. Las que se lanzan en cuanto ven un cartel de “50%” y las que se esperan al final a ver si pillan algo aún más rebajado. Yo estoy en un punto medio.

Mirando por internet descubrí que Blau i Rosa tenía cosas muy monas de verano de rebajas, así que compré un par de conjuntos. Al final, comprar en rebajas es lo mejor que puedes hacer, créeme, pero debes tener cuidado porque las rebajas también son muy jugosas y pueden hacer que pierdas un poco la cabeza: el truco está en entrar con la lista hecha y no dejarte llevar por los impulsos. Aunque, si hay algo que sabes que le va a encantar y está a mitad de precio… pues oye, tampoco hay que ser de piedra.

Las modas también llegan a los peques.

Sí, parece mentira, pero los niños también tienen sus propias mini tendencias. Este año, por ejemplo, están muy de moda los estampados tropicales, los tonos tierra, los looks surferillos y las camisetas con mensajes tipo “summer vibes” o dibujos de animales marinos. También vuelven los sets a juego (camiseta y pantalón con el mismo estampado), que son súper prácticos porque ya vienen combinados.

No digo que haya que seguir todas las modas, pero me gusta incluir alguna prenda más “trendy” para que mi hijo sienta que también viste moderno. Aunque lo que más le importa a él, la verdad, es que el dibujo de la camiseta tenga un cocodrilo con gafas de sol o un tiburón haciendo surf.

Bonus: la ropa que pasa a ser “ropa de batalla”.

Otro truco que uso mucho es separar la ropa en dos: la que es para el día a día (ir al cole de verano, quedar con amigos, salir) y la que es para “guarrear” (jugar en el parque, pintar, comer espaguetis con las manos…). Esa segunda categoría suele estar formada por prendas más viejitas, heredadas o manchadas, pero que aún sirven.

Esto me quita mucho estrés, porque ya no tengo que sufrir si se ensucia o se rompe. Y él está feliz porque no hay gritos de “¡cuida esa camiseta!” cada vez que se tira al suelo.

¿Y los zapatos? Ay, los zapatos…

No puedo terminar sin hablar de este detalle tan traicionero: los pies que crecen sin avisar ¡En serio, parece que se los hinchan por la noche! Justo cuando creo que ya tengo todo, me doy cuenta de que no le vale ninguna sandalia del verano pasado.

De modo que este año aposté por dos pares básicos: unas sandalias cómodas y cerradas para jugar y correr, y unas más fresquitas para pasear o salir. Nada más. Porque si compro muchas, al final se pone siempre las mismas.

También aproveché a mirar si había calzado rebajado en las mismas tiendas donde pillaba la ropa, y salí bien parada. Aunque no forme parte de la ropa textil en sí, es importante también mirar los zapatos en todas las tiendas.

Al final renovar el armario de tu hijo puede ser hasta divertido.

Si me hubieran dicho hace unos años que acabaría escribiendo un artículo sobre cómo renovar el armario infantil sin enloquecer, me habría reído. Pero oye, aquí estoy. Y me siento orgullosa de haber encontrado la fórmula para hacerlo de forma práctica, sostenible y hasta un poco divertida.

He heredado, reciclado, comprado con cabeza, aprovechado ofertas, elegido con sentido común, y lo mejor: he implicado a mi hijo en todo el proceso. Porque si él se siente parte de las decisiones, luego se pone lo que hay sin rechistar (o casi).

Y ahora, cuando abro su armario y veo ropa fresquita, cómoda, bien elegida y sin excesos, respiro tranquila. Al menos por unas semanas… hasta que se le ocurra dar otro estirón y tengamos que empezar de nuevo.

Comparte

Facebook
WhatsApp
LinkedIn
Reddit

Tendencias

¿És necesaria educación para ser político?

La política, esa arena en la que se deciden los destinos colectivos de millones de personas, ha sido históricamente una actividad que genera debate no solo por sus resultados, sino también por quienes la ejercen. A menudo, la

¿Qué es el curso AVSEC?

Hace poco, mientras buscaba cursos interesantes para seguir aprendiendo y mejorar mi currículum, me encontré con algo que no había escuchado nunca: el curso AVSEC. Al principio, no tenía ni idea de qué era. El nombre me sonó

Cómo abrí mi tienda de manualidades online

Siempre fui de los que iban a la deriva en la vida. No tenía grandes aspiraciones, nunca supe qué quería estudiar ni a qué dedicarme. Terminé la ESO porque no me quedaba otra, pero después de eso, nada

Más articulos relacionados

Nuestra sociedad invierte en bienestar

Seguro que te ha pasado. Estás haciendo scroll sin pensar demasiado y, de repente, el algoritmo te frena en seco. No es un vídeo rápido ni ruidoso. Es justo lo