¿Los probióticos ayudan al sistema inmunitario?

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Todos sabemos que el sistema inmunológico nos ayuda a no ponernos malitos, y que los probióticos son bacterias buenas que ayudan a nuestro organismo. Entonces, ¿hay alguna relación entre ambos? ¿Pueden los probióticos ayudar al sistema inmunológico?

Vamos a darle respuesta:

 

¿Qué es el sistema inmunitario?

El sistema inmunitario es el sistema de defensa del cuerpo. Es el que se encarga de detectar lo que no debería estar dentro de nosotros y de intentar eliminarlo: virus, bacterias malas, hongos, cosas que entran por la boca, la nariz o incluso por la piel. Todo eso pasa por un control constante. Muchas veces ni nos damos cuenta, porque el cuerpo hace su trabajo en silencio y seguimos con nuestra vida como si nada.

Lo curioso es que este sistema no está en un solo sitio, no es un órgano concreto, está repartido por todo el cuerpo y una gran parte vive en el intestino. Esto me llamó mucho la atención cuando lo entendí bien: resulta que una parte enorme de nuestras defensas está relacionada con lo que pasa en el aparato digestivo: lo que comemos, cómo digerimos, qué bacterias viven ahí dentro… y todo eso influye en cómo responde el cuerpo cuando llega algo que no conviene.

Cuando el sistema inmunitario funciona bien, solemos enfermarnos menos o recuperarnos antes. Cuando está desajustado, aparecen infecciones más frecuentes, molestias constantes o esa sensación de estar siempre a medio gas.

No hace falta tener una enfermedad grave para notar que algo no va fino. A veces es solo cansancio, digestiones pesadas o resfriados encadenados.

 

¿Qué son los probióticos?

Los probióticos son bacterias vivas que, cuando se toman en la cantidad adecuada, aportan beneficios al organismo. Son bacterias que ya existen en nuestro cuerpo y que también están en algunos alimentos fermentados: yogur, kéfir, ciertos quesos, algunos vegetales fermentados…

Estas bacterias buenas viven sobre todo en el intestino y ayudan a mantener el equilibrio entre unas y otras. Porque no todas las bacterias son malas, eso ya lo sabemos. De hecho, sin bacterias no podríamos vivir. El problema aparece cuando las bacterias que no convienen ganan terreno y desplazan a las que sí ayudan.

Los probióticos actúan como apoyo para que ese equilibrio se mantenga o se recupere. Por ejemplo, después de tomar antibióticos, cuando muchas bacterias buenas desaparecen. O en épocas de estrés, mala alimentación o cambios de rutina.

 

La relación directa entre intestino y defensas

El intestino no solo sirve para digerir alimentos, también funciona como un centro de control del sistema inmunitario. Una gran parte de las células que participan en las defensas están ahí, en contacto directo con lo que comemos y con las bacterias que viven dentro. Esto significa que lo que ingerimos y cómo se comporta nuestra microbiota tiene un efecto directo en cómo nuestro cuerpo responde a posibles infecciones.

Cuando la microbiota intestinal está equilibrada, el sistema inmunitario recibe señales claras y responde de forma adecuada: sabe cuándo activar sus defensas y cuándo no hace falta reaccionar, evitando así respuestas exageradas que podrían generar molestias o inflamación. Por el contrario, cuando este equilibrio se rompe, las señales se confunden. Esto puede hacer que el cuerpo reaccione de menos frente a virus o bacterias, o que lo haga de más, generando inflamación y otros problemas que afectan la sensación de bienestar general.

Los probióticos ayudan a mantener esta microbiota en buen estado, pero no reemplazan una dieta variada, el ejercicio regular ni los hábitos saludables, pero sí que suman. Al tomar probióticos de forma constante, se contribuye a que las bacterias buenas estén presentes en mayor cantidad, apoyando así la coordinación de las defensas. Aunque sus efectos no se notan de inmediato, con el tiempo el cuerpo agradece este apoyo constante, y la respuesta inmunitaria suele ser más eficiente y equilibrada.

 

Una de las preguntas más comunes es si los probióticos sirven para no ponerse enfermo

No evitan al cien por cien que nos contagiemos, pero sí pueden ayudar a que el sistema inmunitario funcione mejor y responda con más eficacia cuando llega un virus o una bacteria. Esto significa que, aunque no garanticen que no te resfríes, sí pueden ayudar a tu cuerpo a manejar esos episodios.

Algunas personas que cuidan su microbiota notan cambios: los resfriados duran menos, no se repiten tan seguido a lo largo del año y la recuperación es más rápida. Esto es porque, cuando las defensas están más equilibradas y organizadas, el cuerpo gestiona mejor los ataques externos que forman parte de la vida cotidiana.

Esto se nota en niños y en personas mayores, porque sus sistemas inmunitarios son más sensibles y cualquier apoyo extra puede ayudarles. Mantener la microbiota intestinal en buen estado ayuda a que las defensas tengan recursos suficientes para actuar sin saturarse, lo que reduce la frecuencia e intensidad de los resfriados y otras infecciones leves.

Además de influir en las infecciones, cuando el intestino está equilibrado, también influye en la energía, en la digestión y en el bienestar general.

 

La alimentación también ayuda en todo este proceso

Las bacterias buenas necesitan alimento para vivir y multiplicarse y, si tomamos probióticos pero comemos siempre lo mismo, con mucha comida procesada y poca fibra, no les damos lo que necesitan. El intestino funciona mejor con variedad: frutas, verduras, cereales integrales y comidas que aporten fibra. También ayuda mantener cierta regularidad en los horarios de comida, porque el intestino se adapta a rutinas y eso facilita que todo funcione bien.

Cuando la microbiota está desequilibrada, el sistema inmunitario se resiente y somos más propensos a resfriados, digestiones pesadas o molestias que se repiten. No hace falta ser perfecto ni seguir dietas complicadas, solo ser consciente de lo que entra por la boca y cómo eso afecta más allá de la digestión.

Los probióticos funcionan mejor si la alimentación les permite asentarse. Además, los prebióticos, que son los alimentos de estas bacterias, también ayudan. Comer bien y de forma variada hace que los probióticos sean más efectivos y el intestino pueda mantener un equilibrio que beneficia a las defensas del cuerpo.

 

Cuándo tiene sentido tomar probióticos

Hay etapas en las que los probióticos son especialmente útiles: después de una gastroenteritis, tras un tratamiento con antibióticos, en épocas de mucho estrés, cambios hormonales, bajadas de defensas evidentes…

También hay personas que, sin tener nada grave, notan digestiones pesadas, hinchazón o molestias frecuentes. En esos casos, cuidar la microbiota puede mejorar tanto la digestión como la respuesta inmunitaria. Porque al final, cuando el cuerpo está menos ocupado resolviendo problemas internos, puede centrarse mejor en defenderse de lo externo.

Tienes que tener en cuenta que funcionan como parte de un conjunto de hábitos: dormir mejor, comer con un mínimo de orden, moverse un poco y reducir el estrés cuando se puede.

 

Escuchar al cuerpo ayuda mucho

Hay que escuchar al cuerpo y prestar atención a lo que nos dice. Algunas personas notan cambios claros al cuidar su microbiota, otras los notan más leves, y las dos cosas están bien.

El cuerpo avisa cuando algo no funciona: infecciones frecuentes, cansancio o digestiones que molestan. Por eso, actuar con sentido común y de forma constante ayuda mucho, y los probióticos encajan perfecto en esa rutina de autocuidado.

 

Hábitos diarios que apoyan al sistema inmunitario

Hay varios hábitos que ayudan mucho a mantener las defensas fuertes. Entre ellos, destacan:

  • Dormir lo suficiente: El descanso es clave para que el cuerpo recupere energía y las defensas trabajen bien. Dormir mal o pocas horas afecta directamente la respuesta inmunitaria.
  • Hidratarse correctamente: Beber suficiente agua ayuda a que todos los procesos del cuerpo funcionen mejor, incluido el sistema inmunitario. Mantenerse hidratado facilita que las células se muevan y cumplan su función.
  • Comer con regularidad: Evitar saltarse comidas y mantener una alimentación variada aporta nutrientes esenciales que apoyan las defensas. Frutas, verduras, proteínas y fibra ayudan a que la microbiota y el sistema inmunitario estén equilibrados.
  • Moverse cada día: La actividad física moderada fortalece el cuerpo y mejora la circulación, lo que permite que las defensas se distribuyan y respondan mejor a infecciones.

Cuando estos hábitos se descuidan, el sistema inmunitario lo nota y podemos enfermarnos más o tardar más en recuperarnos. Mantenerlos, aunque sea de forma imperfecta, ya hace una gran diferencia.

Los probióticos no reemplazan estos hábitos, pero funcionan como un refuerzo: ayudan a que la base que ya tenemos esté más fuerte y equilibrada.

 

Cuidar la microbiota de manera constante

En este punto, tiene sentido recordar algo que suelen comentar desde Probactis, una gama de probióticos y enzimas para niños y adultos que contribuye al equilibrio de las distintas microbiotas del cuerpo, promoviendo el bienestar general y el funcionamiento normal del sistema digestivo, respiratorio e inmunitario.

Ellos insisten en que cuidar la microbiota es un proceso continuo, no algo que se haga de manera puntual, porque los efectos se notan más cuando se mantiene en la rutina diaria y se combina con hábitos simples como dormir bien, comer variado y mantenerse activo.

 

El sistema inmunitario no funciona solo

Los probióticos no hacen milagros, son una herramienta más. Entender esto cambia la forma en la que vemos las defensas. Dejan de ser algo abstracto y se convierten en algo que podemos apoyar con pequeños gestos diarios.

Y eso, al final, da tranquilidad y sensación de control, que nunca viene mal.

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